El vino y el amor visten el sentido de los buenos momentos de la vida. El vino está relacionado con placeres más sensoriales, en cualquier caso, el vino está cogido por las pinzas de la cultura erótica. Eurípides manifestaba que donde no hay vino es imposible que pueda haber amor. El vino que en ocasiones descorchamos para dos, puede convertirse en uno de nuestros preferidos, más por la compañía que por el propio vino en sí. San Valentín es el motivo perfecto para compartir esa botella de vino que tanto nos gusta con nuestra pareja. Cuando empezamos a apreciar el verdadero sabor, nos empezamos a percatar de la verdadera pasión que se esconde detrás del mundo del vino.

El amor y el vino es un perfecto maridaje desde hace mucho tiempo. Dionisos era el dios de la embriaguez y el amor más pasional. Las mujeres adoraban a este dios, que ofrecía lo placeres de la vida.

En el Antiguo Testamento la vid simboliza la fertilidad y reproducción. En las costumbres judío-cristianas el vino es considerado un creador de vínculos visto desde una perspectiva muy positiva.

Esta tradición se extenderá en el tiempo utilizando el vino como potenciador del amor. El vino está estrechamente relacionado al placer en el siglo XVIII, a partir de ahí, adquirió el rol social que se mantiene en la actualidad.

El vino nos acerca al amor y propone compartir una botella cargada de sentimientos.

¡Feliz San Valentín!