Los vinos blancos poseen diversidad de estilos y se elaboran, principalmente, con uvas blancas, aunque no en todos los casos; también pueden ser elaborados a base de uvas tintas. En cuanto a su coloración, tiende a ser amarillenta en diversas tonalidades, lo que variará en función del tipo de preparación dada la interacción de ciertos flavonoides, carotenoides y taninos no pigmentados.

La producción del vino blanco destaca por ser elaborado «en virgen», denominación que se usa según la vinicultura para indicar la fermentación del mosto, es decir, la ausencia de partes sólidas. Al contrario, ocurre con un vino tinto o clarete, en el que la fermentación se realiza con sus hollejos de manera parcial o total.

Si quieres saber en qué consiste el proceso de elaboración del vino blanco, ¡sigue leyendo!

¿Cuál es el proceso de elaboración del vino blanco?

Antes de iniciar la elaboración del vino, se debe pasar por la recolección de las uvas en su punto de maduración óptimo y, a continuación, llevar a cabo las siguientes etapas: 

  • Despalillado

Es la separación de forma mecánica de los rabillos, raspón o escobajo de las uvas y de cualquier otra parte que pueda presentarse en las vendimias como, por ejemplo, las hojas del racimo. 

  • Estrujado

Se procede a la extracción máxima sin llegar a aplastar elementos como los rabillos, pieles y pepitas, mediante utensilios, con el fin de evitar cambios de sabor en la obtención del jugo. En cuanto al jugo que sale inicialmente, se denomina mosto lágrima, yema o flor, que al no estar en contacto con las pieles posee bajo contenido en polifenoles. 

  • Maceración

Aunque la mayoría de blancos no son sometidos a este proceso, haciéndolos más frescos y ligeros, algunos sí para conseguir más cuerpo y aromas. Tras conseguir el jugo, se deja en contacto con la pulpa y piel durante unas horas.

  • Prensado

Es la limpieza del mosto, prensando la mezcla de pulpa, pieles, pepitas y rabillos y extrayendo la sustancia lo más limpia posible. También puede realizarse mediante trasiegos, pasando el mosto de un recipiente a otro y dejando los restos sólidos en el fondo.

  • Fermentación alcohólica

Corresponde a la transformación del mosto en vino de forma natural. En este proceso, se toma el jugo conseguido añadiendo levaduras y dejando fermentar a una temperatura de entre 18 y 20 °C, aproximadamente, durante tres semanas. Para mayor cuerpo, aroma y grado alcohólico, se realiza en barricas de roble.

  • Maduración

Esta suele hacerse en barriles de acero inoxidable. En cuanto al blanco joven, su embotellamiento no es de inmediato. En algunos casos, se deja «sobre lías», es decir, en contacto con los residuos de la fermentación. 

  • Crianza en barrica

Según el vino que se desea elaborar, el tiempo de crianza variará y del mismo modo la obtención de aromas y cuerpos determinados.

  • Estabilización, filtrado y envasado

Es sometido a bajas temperaturas, con el fin de minimizar la concentración de bitartratos potásicos, evitando que se formen sales en la botella. Posteriormente, se filtra y finalmente se embotella.

  • Crianza en botella

Tras el embotellado, se deja madurar algunos días, semanas o meses en bodega hasta que esté dispuesto para salir a la venta.

¿Cómo se clasifican los vinos blancos?

La clasificación durante la elaboración variará según diversos aspectos, como: 

  • Por la uva (variedad): uvas con botritis, vendimia tardía, uvas agraces, entre otras.
  • Niveles de azúcar: secos, semisecos o dulces.
  • Por la elaboración: fermentación en barrica, maceración «sobre lías», crianza en barrica, espumosos, etc.
  • Técnicas de crianza: oxidativa en barrica, guardado en depósitos u otras.

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